Hervé Joncour tenía treinta y dos años.
Compraba y vendía.
Gusanos de seda.
Para ser más precisos, Hervé Joncour compraba y vendía los gusanos de seda cuando ser gusanos de seda consistía en ser minúsculos huevos, de color amarillo o gris, inmóviles y aparentemente muertos. Solo en la palma de una mano se podían sostener millares.
"Es lo que se dice tener una fortuna al alcance de la mano".
Seda, de Alessandro Baricco.