Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Nada en la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje. Hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia.
Las ciudades invisibles, de Italo Calvino.
