En un ángulo de visión de 180 grados se sitúan un árbol amarillo y todo lo que trae la lluvia deshaciéndose entre mis pestañas. Es ligera esta lluvia y amenaza a las abejas que sobrevuelan los vanos de la escalera. Gira descalza y se despierta desorientada otra vez sobre mis párpados, como una gasa mojada respira en su entramado de algodón.
30 de octubre de 2010
13 de octubre de 2010
Visillos
Permanezco en mí casi sin sentirme y a cada sonido del viento, en el extremo de las antenas o en la frialdad de la madera bajo mis pies desnudos, se agitan los visillos y atisbo una conciencia.
Publicado por
Marta Rubio Aguilar
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