Me asomo a la ventana y veo hilos luminosos creando formas geométricas en el tejado. No hay viento ni agua cayendo y las arañas van soltando su saliva por la curvatura de las tejas. El sol se perfila en las ventanas y yo preparo café mientras me adentro en las escenas de los grabados de William Hogarth que cuelgan de la pared: Le Soir, Gin Lane... Si detienes la mirada en alguna cuadrícula de su trama negra y desfocalizas la atención, surgen detalles inesperados en los que no te habías fijado anteriormente. No hay espacio suficiente en el papel para llenar tanto vacío de los personajes, tal intensidad de sensaciones.
12 de octubre de 2011
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